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Impresiones de la Pampa Salitrera
Viaje en el Tiempo.
Regrese 110 años
y conozca a través
de los ojos de los
autores, luces y sombras
de las oficinas salitreras.


Santiago del Siglo XIX
La capital es el reino de caballos y carretas que impregnan con su sonido los adoquines de sus calles
 
Testigo de su Úpoca
José Gil de Castro, un pincel visionario que captó con acierto el tiempo fugaz, perpetuando a los hombres y mujeres que vivieron durante la patria naciente
 
Preservando la Memoria, construyendo Identidad
Conozca todo sobre los distintos tipos de patrimonio que existen.
 

 

Desde 1910, conmemoración centenaria de la república, la ciudad cuenta con alumbrado público. Santiago aún disfruta de la bonanza económica del salitre del norte, bonanza que será bruscamente suspendida con la invención del salitre sintético por los alemanes, dando paso a una grave crisis. Grandes movilizaciones sociales tranforman la sociedad. El afrancesamiento de la clase alta se expresa en la irrupción del art noveau y el art decó que aparece incluso en edificios públicos.

Se inicia el desarrollo industrial del país. El estado toma gran parte de esta tarea, creando instituciones como la Corfo, que de rebote incuban una creciente clase media nacional. Ese estado paternalista ofrece orden, austeridad, educación y progreso. Los chilenos son hijos de ese padre colectivo, pobre pero bonachón.

Carros y góndolas con "imperial", llevan a los santiaguinos a sus lugares de trabajo. Las calles se llena de ruidosas "burras", que circulan al compás de sus características bocinas. Siempre hay tiempo para conversar y ver. Mirar lo que ocurre con los demás, cómo están vestidos, como caminan, quién se sale de la norma, del tono medio.

Este es el Santiago que abandona Vicente Huidobro, que pinta Camilo Mori y que recibe a Pablo Neruda que llega desde el Sur. Los estudiantes se disfrazan en sus "fiestas de la primavera". Conatos de revoluciones y cuartelazos se suceden en un período que destibuja la ya centenaria tradición republicana del país.

Son los atisbos de una nueva era, que junto con grandes avances tecnológicos, trae crisis y guerras, sumiendo a la ciudad capital en una vorágine modernista de la que no volverá a salir.