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Por
Bernardo Subercaseaux
Cuando se habla de integración cultural
en América Latina o en las Américas, se está hablando no solamente
de "diálogo", ni de meras "relaciones", se trata de "integración",
término más fuerte que implica una cierta direccionalidad, un proyecto
identitario y una utopía compartida.
El
clima intelectual contemporáneo se caracteriza - para bien o para
mal - por la carencia de utopías, por pensamientos e identidades
débiles, por una atmósfera que algunos llaman postmoderna. En este
panorama, en América Latina se divisan tres proyectos o perspectivas
de integración, que implican o suponen de alguna manera una postura
frente al tema de la identidad nacional.
En
primer lugar, lo que podemos llamar el "proyecto operante", el proyecto
que se inscribe en el metarrelato del mercado, en el imperio de
la economía, en la utopía del crecimiento con excedente (el famoso
"chorreo") que se supone nos liberará gradualmente de las lacras
de la pobreza y de la inequidad social. Lo llamamos "operante" porque,
guste o no, es el modelo que se impone en la realidad. Es el proyecto
del mercado, de la "massmediatización", el proyecto que tiene a
las industrias culturales y a las empresas como protagonistas del
intercambio cultural. Ya en un párrafo anterior nos referimos a
los aspectos positivos y amenazantes de las dinámicas que conlleva
este "proyecto" operante.
Una segunda dimensión de integración es la que se da en torno a
los proyectos contestatarios. El proyecto operante anterior se inserta
en una lógica mayor: la del capitalismo tardío en su fase de globalización.
Frente a este fenómeno mundial no se perciben verdaderas alternativas
en el sentido fuerte del término, lo que sí hay son propuestas para
reformarlo y corregirlo y lo que Freud llamó el malestar de la cultura.
Mujeres, indígenas, etnias, jóvenes, ecologistas, corrientes espirituales,
asociaciones de consumidores, son núcleos contestatarios, desde
los cuales emergen procesos de integración, acompañados de cierta
reinvindicación identitaria, propuestas y acciones que buscan corregir
o reformar aspectos del proceso de globalización y capitalismo tardío
en que estamos insertos.
Curiosamente, como ya señalamos, la globalización al mismo tiempo
que constituye una amenaza para las identidades estables, ofrece
oportunidades para los grupos contestatarios particularmente por
la vía de las nuevas tecnologías eléctrónicas y comunicacionales.
Es conocida la vinculación y el modo en que los indígenas de Chiapas
se sirvieron de Internet, en su lucha con el Estado Nacional.
Por último, hay una tercera posibilidad que, de alguna manera, combina
los dos proyectos anteriores: el operante y el contestario. En España,
a raíz del Mercado Común Europeo, gracias a una ley de 1993, todas
las ciudades con una población mayor de 125 mil habitantes, tienen
que dedicar una cuota de pantalla cinematográfica de un 30 por ciento
al cine europeo. Con una óptica similar, todos los procesos de integración
comercial y económicos de América Latina ( como el Mercosur ) debieran
ir acompañados por la necesidad de promover un mercado común latinoamericano
de libros, de videos, de cine, de televisión, y por medidas que
favorezcan la libre circulación y el fomento de la producción conjunta
de bienes culturales. Crear, por ejemplo, un fondo latinoamericano
de producción y difusión audiovisual. La globalización ha generado
en todos los sectores políticos, desde la izquierda a la derecha,
una preocupación por lo propio y, por ende, un clima favorable para
este tipo de medidas, incluso para una cierta regulación de las
industrias culturales transnacionales. Eso es precisamente lo que
ha hecho el Mercado Común Europeo: industria cultural más regulación
estatal y más una cuota de proteccionismo a lo propio.
Parafraseando un artefacto poético de Nicanor Parra ("la izquierda
y la derecha unidas jamás serán vencidas"), puede decirse también
que los intelectuales y artistas latinoamericanos, más las industrias
culturales, más el Estado y más los movimientos contestatarios,
jamás serán vencidos. A partir de esta suma pueden irse generando
aire y espacios de acción que permitan ir corrigiendo desde adentro
los desequilibrios que el actual sistema conlleva.
Estamos
conscientes de que, más que respuestas a los dilemas de la identidad
nacional en tiempos de globalización, hemos esgrimido preguntas
que quedan abiertas, o delineado ángulos para el abordaje y la reflexión
sobre el asunto.
Valga
por lo tanto, para terminar, una cita de Federico Nietzsche que
relativiza o pone en cuestión incluso el tema que nos ha convocado.
"No debemos hacer caso - dice Nietzsche a los que se lamentan de
la pérdida de costumbres locales, trajes, usos, fueros, dialectos,
formas políticas, etc. Sólo a ese precio nos podemos elevar a lo
supranatural, a los fines generales de la humanidad, al saber, fundamento
de lo humano, a la comprensión y al goce del pasado, de lo no vernáculo;
en suma, sólo así podremos dejar de ser bárbaros" (6)
(6)
Federico Nietzsche, "Algunas observaciones sobre cultura,
Estado, y educación". 1874-77
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