Procesos Complejos, preguntas múltiples
III. Integración y proyecto


Bernardo Subercaseaux

PhD en Harvard Profesor y Director de la Escuela de Postgrado, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile Autor de "Historia, literatura y sociedad", Editorial Documentas, 1991 "Chile, ¿Un país moderno?", Ediciones B, Grupo Editorial Zeta, 1996," Historia de las ideas y la cultura en Chile", Editorial Universitaria, 1997

Por Bernardo Subercaseaux

Cuando se habla de integración cultural en América Latina o en las Américas, se está hablando no solamente de "diálogo", ni de meras "relaciones", se trata de "integración", término más fuerte que implica una cierta direccionalidad, un proyecto identitario y una utopía compartida.

El clima intelectual contemporáneo se caracteriza - para bien o para mal - por la carencia de utopías, por pensamientos e identidades débiles, por una atmósfera que algunos llaman postmoderna. En este panorama, en América Latina se divisan tres proyectos o perspectivas de integración, que implican o suponen de alguna manera una postura frente al tema de la identidad nacional.

En primer lugar, lo que podemos llamar el "proyecto operante", el proyecto que se inscribe en el metarrelato del mercado, en el imperio de la economía, en la utopía del crecimiento con excedente (el famoso "chorreo") que se supone nos liberará gradualmente de las lacras de la pobreza y de la inequidad social. Lo llamamos "operante" porque, guste o no, es el modelo que se impone en la realidad. Es el proyecto del mercado, de la "massmediatización", el proyecto que tiene a las industrias culturales y a las empresas como protagonistas del intercambio cultural. Ya en un párrafo anterior nos referimos a los aspectos positivos y amenazantes de las dinámicas que conlleva este "proyecto" operante.

Una segunda dimensión de integración es la que se da en torno a los proyectos contestatarios. El proyecto operante anterior se inserta en una lógica mayor: la del capitalismo tardío en su fase de globalización.

Frente a este fenómeno mundial no se perciben verdaderas alternativas en el sentido fuerte del término, lo que sí hay son propuestas para reformarlo y corregirlo y lo que Freud llamó el malestar de la cultura. Mujeres, indígenas, etnias, jóvenes, ecologistas, corrientes espirituales, asociaciones de consumidores, son núcleos contestatarios, desde los cuales emergen procesos de integración, acompañados de cierta reinvindicación identitaria, propuestas y acciones que buscan corregir o reformar aspectos del proceso de globalización y capitalismo tardío en que estamos insertos.

Curiosamente, como ya señalamos, la globalización al mismo tiempo que constituye una amenaza para las identidades estables, ofrece oportunidades para los grupos contestatarios particularmente por la vía de las nuevas tecnologías eléctrónicas y comunicacionales. Es conocida la vinculación y el modo en que los indígenas de Chiapas se sirvieron de Internet, en su lucha con el Estado Nacional.

Por último, hay una tercera posibilidad que, de alguna manera, combina los dos proyectos anteriores: el operante y el contestario. En España, a raíz del Mercado Común Europeo, gracias a una ley de 1993, todas las ciudades con una población mayor de 125 mil habitantes, tienen que dedicar una cuota de pantalla cinematográfica de un 30 por ciento al cine europeo. Con una óptica similar, todos los procesos de integración comercial y económicos de América Latina ( como el Mercosur ) debieran ir acompañados por la necesidad de promover un mercado común latinoamericano de libros, de videos, de cine, de televisión, y por medidas que favorezcan la libre circulación y el fomento de la producción conjunta de bienes culturales. Crear, por ejemplo, un fondo latinoamericano de producción y difusión audiovisual. La globalización ha generado en todos los sectores políticos, desde la izquierda a la derecha, una preocupación por lo propio y, por ende, un clima favorable para este tipo de medidas, incluso para una cierta regulación de las industrias culturales transnacionales. Eso es precisamente lo que ha hecho el Mercado Común Europeo: industria cultural más regulación estatal y más una cuota de proteccionismo a lo propio.

Parafraseando un artefacto poético de Nicanor Parra ("la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas"), puede decirse también que los intelectuales y artistas latinoamericanos, más las industrias culturales, más el Estado y más los movimientos contestatarios, jamás serán vencidos. A partir de esta suma pueden irse generando aire y espacios de acción que permitan ir corrigiendo desde adentro los desequilibrios que el actual sistema conlleva.

Estamos conscientes de que, más que respuestas a los dilemas de la identidad nacional en tiempos de globalización, hemos esgrimido preguntas que quedan abiertas, o delineado ángulos para el abordaje y la reflexión sobre el asunto.

Valga por lo tanto, para terminar, una cita de Federico Nietzsche que relativiza o pone en cuestión incluso el tema que nos ha convocado. "No debemos hacer caso - dice Nietzsche a los que se lamentan de la pérdida de costumbres locales, trajes, usos, fueros, dialectos, formas políticas, etc. Sólo a ese precio nos podemos elevar a lo supranatural, a los fines generales de la humanidad, al saber, fundamento de lo humano, a la comprensión y al goce del pasado, de lo no vernáculo; en suma, sólo así podremos dejar de ser bárbaros" (6)

(6) Federico Nietzsche, "Algunas observaciones sobre cultura, Estado, y educación". 1874-77