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Preguntarse
por las identidades nacionales, en un marco de integración de las
Américas, y en el umbral del año 2000, obliga a reflexionar sobre
tres tópicos distintos aunque vinculados entre sí: la concepción
de identidad, el fenómeno de la globalización y el tema del "proyecto"
nacional o regional.
I.
Identidad y discursos identitarios
¿ Qué se entiende por identidad o por
identidad nacional? Hay al respecto distintas concepciones. La visión
más tradicional concibe a la identidad nacional como un conjunto
de rasgos más o menos fijos, vinculados a cierta territorialidad,
a la sangre y al origen, como una esencia más bien inmutable constituida
en un pasado remoto. A esta concepción esencialista se vinculan
posturas como el purismo cultural o la visión dual de la cultura
latinoamericana, esa visión que la percibe como una cultura conformada
por una parte por lo autóctono, lo propio de raigambre campesino
o precolombino y, por otra, por lo letrado, lo europeo, lo foráneo.
Desde esta postura, lo nativo adquiere un carácter de resistencia
cultural frente a las amenazas de deculturación o de pérdida de
identidad; se tiende así a concebir todo cambio o alteración de
los rasgos constituyentes básicos como una pérdida de identidad
o como una alienación. Por el contrario, si la identidad nacional
no se define como una esencia incambiable, sino más bien como un
proceso histórico permanente de construcción y reconstrucción de
la "comunidad imaginada" que es la Nación, entonces las alteraciones
ocurridas en sus ele- mentos no implican necesariamente que la identidad
nacional o colectiva se haya perdido, sino más bien que ha cambiado
(1)
Desde otro punto de vista hay quienes conciben a las identidades
colectivas o a la identidad nacional como algo carente de sustancia,
como entidades meramente imaginarias o discursivas, como objetos
creados por la manera en que la gente -sobre todo los intelectuales
hablan de ellos (la identidad desde esta perspectiva siempre tendrá
la estructura de un relato y podrá ser escenificada o narrada como
evolución, como epopeya, como pérdida, como una crisis o como proyecto).
(2)
Para otros, en cambio, frente a esta postura de tinte postmoderna,
la identidad es más bien extradiscursiva o prediscursiva y la conciben,
por ende, como una mezcla de tradiciones, lenguas, costumbres y
mitos; aquéllo que conforma los modos de ser o el carácter de un
pueblo, y que constituye una realidad operante más acá o más allá
del discurso, una realidad a la que tenemos acceso vivencial o fenomenológicamente
cada vez que estamos entre argentinos, chilenos, brasileños, norteamericanos,
panameños, mapuches, cubanos, etc.
Hay también concepciones de la identidad que admiten los dos componentes:
el imaginario y el extradiscursivo.
Desde
otro ángulo puede establecerse una conexión entre los principales
hitos de la historia latinoamericana, la ideología predominante
en cada época y las concepciones de identidad o la construcción
de discursos identitarios. A comienzos del siglo XIX, en el momento
quote de la emancipación: una perspectiva americanista construida
en la negación del pasado colonial; Iuego, con la construcción de
la Nación en una perspectiva liberal: la concepción de una identidad
homogénea o monoidentidad, asumiendo un concepto de identidad nacional
que, desde el paradigma de la civilización europea, niega al "otro",
sea este el indio, el negro o la mujer.
Posteriormente, a comienzos del siglo XX, con la construcción de
lo nacional-popular, y la ideología revolucionaria: una concepción
de la identidad vinculada a la idea de "rnestizaje", concepción
que va paulatinamente integrando a diversos sectores sociales y
étnicos (capas medias y populares, indios, negros), tratando de
armonizar estas inclusiones con la concepción tradicional de identidad
nacional, proceso que continúa durante gran parte dei siglo XX.
Luego; en la década del quote 60, la utopía revolucionaria y la
consiguiente rearticulación latinoamericanista desde el vector político.
Finalmente, el momento histórico actual, en que la Nación y el Estado
pierden competencia en la vida sociocultural, y en que, en un clima
ideológico postmoderno y multiculturalista, emergen identidades
nómades, desterritorializadas, fragmentadas, híbridas, identidades
locales que (no) pueden ser integradas en el concepto de "identidad
nacional" mediante un forcejeo voluntarista que busca amortiguar
los efectos de la globalización en curso. Se trata de una etapa
en que campea lo múltiple y lo heterogéneo, y en que, por ende,
no se pueden reducir los diversos modos de ser argentino, brasileño,
ecuatoriano o mexicano a un paquete fijo de rasgos arcaicos, a un
patrimonio monocorde y ahistórico" (3)
En relación al pensamiento latinoamericano puede señalarse - desde
un punto de vista históricoque en el continente, sobre todo a partir
de fines del siglo XIX, se da un proceso pendular y una suerte de
contradanza entre discursos mpdernizantes e identitarios" (4). Actualmente,
al parecer, estamos saliendo de décadas en que predominó el discurso
modernizante; hoy, todo indica que están resurgiendo ciertas voces
identitarias.
El breve recorrido efectuado permite, creemos, vislumbrar la complejidad
del tema en cuestión, como también algunos de los caminos posibles
para abordarlo.
(continúa...)
(1)
Jorge Larraín, "Chilenidad: ¿pérdida o cambio?" Mensaje,
Septiembre, 1997, Santiago, Chile.
(2) José Joaquín Brunner, "Escenificaciones de la identidad
Latinoamericana Cartografías de la modernidad" Santiago,
Chile. 1995.
(3) Néstor García Canclini, "Consumidores y ciudadanos.
Conflictos multiculturales de la globalización" México,
1995.
(4) Eduardo Devés, "Los intelectuales chilenos entre la modernización
y la identidad", Proposiciones, Nº 19, Santiago, Chile, 1994.
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