Identidad Diseminada-Identidad desintegrada:
opciones abiertas

III. Integración social desde la industria cultural



Martín Hopenhayn
Magister en Filosofía Universidad de París VIII. Autor de "Ni apocalipticos ni integrados", Fondo de Cultura Económica, 1994. "Después del nihilismo", Andrés Bello, 1997.
Por Martín Hopenhayn

En el campo de la industria cultural bajan los costos y se flexibilizan las posibilidades técnicas para incorporar a actores socioculturales poco integrados al intercambio público de mensajes. Esto debiera permitir un uso intensivo de intersticios del complejo industrial cultural para acciones de pequeña escala, consagradas a la promoción y defensa de culturas locales que acceden, sólo precariamente, a los beneficios de la modernización.

A medida que baja el precio de los componentes, más pueden "redificarse" horizontalmente las comunicaciones. Los sistemas integrados - teléfonos que conectan telex, computadores, bases de datos, fax - tienen tantos puntos de entrada, que su acceso tarnbién puede beneficiar a actores socio-culturales de bajos recursos. Al mismo tiempo, componentes cada vez más livianos y transportables hacen que la información sea físicarnente más accesible a Iugares remotos, precisamente donde más se preservan (pero se aíslan) las identidades culturales locales o regionales.

De lo anterior puede inferirse que las estrategias de desarrollo de la industria cultural enfrentan en la región un reto enorme y atractivo. La afirmación de un desarrollo endógeno requiere de una cultura participativa, de una ciudadanía con vocación protagónica, y de actores socioculturales que se incorporen a la modernidad en el intercambio horizontal de símbolos y mensajes. Para ello, la consolidación de la segunda generación de los mercados comunicacionales - informativos, y el tránsito hacia la tercera generación, pueden llegar a constituir un resorte medular.

La segunda generación se relaciona con formas modernas del ejercicio de la ciudadanía. Estas formas aluden al protagonismo de los actores sociales en temas de preocupación ciudadana (prevención de epidemias, campañas de alfabetización coordinadas por los medios de comunicación de masas, cuidado del rnedio ambiente y del habitat urbano, acciones de prevención frente al tráfico y consumo de drogas, etc.). En este campo la televisión permite coordinar acciones de la ciudadanía y motivar a la población a asumir un rol activo en materias de inquietud compartida. Una cultura de preocupación y acción ciudadanas ayuda a romper las barreras estamentales, y a involucrar al conjunto de la sociedad en torno a problemas comunes que se publicitan (es decir, se hacen públicos) a través de los medios de comunicación de masas.

La tercera generación constituye un salto adicional en la construcción de una cultura interactiva a gran escala. Los sistemas de teleconferencias, redes informatizadas y conexiones integradas (teléfono-fax-computadora-fotocopiadora), pueden aprovecharse para prestar el micrófono a quienes no han contado con posibilidades para hacerse oír en espacios públicos. De hecho, estos nuevos sisternas comunicativos, a su vez integrados con los medios de comunicación de masas, tienen un potencial muy rico para ampliar los espacios públicos de comunicación. Un vasto conjunto de demandas sociales, provenientes de actores dispersos o subordinados, podría empezar a ocupar un lugar en la circulación pública de mensajes.

La tendencia al descentramiento en la emisión de mensajes, por vía de la proliferación de medios de comunicación y expresión en la industria cultural, puede contribuir a la democratización cultural de las sociedades nacionales de las Américas.Si ya hemos alcanzado la democracia política en la gran mayoría de nuestros países, la profundizacióndemocrática, fundada en el protagonismo de una vastagama deactores sociales y culturales, podría encontrar un impulso favorable desde la difusión de las nuevas formas de la industria cultural-comunicacional.

Por supuesto, todo depende de cómo se distribuyan las condiciones de acceso a esta industria. No es cuestión de confiar en el poder distributivo del mercado sólo porque en el mercado se abaratan los costos de instalación: cabe recordar, en contrapartida, que el ritmo de innovación, cada vez más acelerado, obliga a contar con recursos también crecientes para capitalizar la oferta.

Sin embargo, existen hoy casos ilustrativos, en distintos países de la región, donde el uso de nuevos bienes de la industria cultural y comunicacional ha permitido la conexión horizontal entre grupos diversos que padecen segregación sociocultural (como grupos de la Amazonia o de los mismos zapatistas). De estos casos se pueden nutrir nuevas iniciativas en este campo, tales como la construcción de redes para conectar múltiples identidades colectivas entre países de las Américas.

Por supuesto, de ello no hay garantía, ni tampoco hay expectativas auspiciosas si se deja al arbitrio de la apertura mercantil o las razones de Estado. Aquí tendrán que entrar a jugar un papel central la sociedad civil, los movimientos sociales y culturales, las organizaciones de ayuda humanitaria y la lucha de los pueblos.

Nuevos instrumentos deben ser catapultados desde nuevos actores, muchos de ellos todavía silenciosos o silenciados en el gran concierto de la globalización. Sin ellos, dicha globalización corre el riesgo de ser un monólogo entre identidades perfectamente racionalizadas, indolentes y tediosas.

Martín Hopenhayn