Por
Martín
Hopenhayn
En el campo de
la industria cultural bajan los costos y se flexibilizan las posibilidades
técnicas para incorporar a actores socioculturales poco integrados
al intercambio público de mensajes. Esto debiera permitir un uso intensivo
de intersticios del complejo industrial cultural para acciones de
pequeña escala, consagradas a la promoción y defensa de culturas locales
que acceden, sólo precariamente, a los beneficios de la modernización.
A medida que baja el precio de los componentes, más pueden "redificarse"
horizontalmente las comunicaciones. Los sistemas integrados - teléfonos
que conectan telex, computadores, bases de datos, fax - tienen tantos
puntos de entrada, que su acceso tarnbién puede beneficiar a actores
socio-culturales de bajos recursos. Al mismo tiempo, componentes
cada vez más livianos y transportables hacen que la información
sea físicarnente más accesible a Iugares remotos, precisamente donde
más se preservan (pero se aíslan) las identidades culturales locales
o regionales.
De lo anterior puede inferirse que las estrategias de desarrollo
de la industria cultural enfrentan en la región un reto enorme y
atractivo. La afirmación de un desarrollo endógeno requiere de
una cultura participativa, de una ciudadanía con vocación protagónica,
y de actores socioculturales que se incorporen a la modernidad en
el intercambio horizontal de símbolos y mensajes. Para ello,
la consolidación de la segunda generación de los mercados comunicacionales
- informativos, y el tránsito hacia la tercera generación, pueden
llegar a constituir un resorte medular.
La
segunda generación se relaciona con formas modernas del ejercicio
de la ciudadanía. Estas formas aluden al protagonismo de los actores
sociales en temas de preocupación ciudadana (prevención de epidemias,
campañas de alfabetización coordinadas por los medios de comunicación
de masas, cuidado del rnedio ambiente y del habitat urbano, acciones
de prevención frente al tráfico y consumo de drogas, etc.). En este
campo la televisión permite coordinar acciones de la ciudadanía
y motivar a la población a asumir un rol activo en materias de inquietud
compartida. Una cultura de preocupación y acción ciudadanas ayuda
a romper las barreras estamentales, y a involucrar al conjunto de
la sociedad en torno a problemas comunes que se publicitan (es decir,
se hacen públicos) a través de los medios de comunicación de masas.
La
tercera generación constituye un salto adicional en la construcción
de una cultura interactiva a gran escala. Los sistemas de teleconferencias,
redes informatizadas y conexiones integradas (teléfono-fax-computadora-fotocopiadora),
pueden aprovecharse para prestar el micrófono a quienes no han contado
con posibilidades para hacerse oír en espacios públicos. De hecho,
estos nuevos sisternas comunicativos, a su vez integrados con los
medios de comunicación de masas, tienen un potencial muy rico para
ampliar los espacios públicos de comunicación. Un vasto conjunto
de demandas sociales, provenientes de actores dispersos o subordinados,
podría empezar a ocupar un lugar en la circulación pública de mensajes.
La tendencia al descentramiento en la emisión de mensajes, por vía
de la proliferación de medios de comunicación y expresión en la
industria cultural, puede contribuir a la democratización cultural
de las sociedades nacionales de las Américas.Si ya hemos alcanzado
la democracia política en la gran mayoría de nuestros países, la
profundizacióndemocrática, fundada en el protagonismo de una vastagama
deactores sociales y culturales, podría encontrar un impulso favorable
desde la difusión de las nuevas formas de la industria cultural-comunicacional.
Por
supuesto, todo depende de cómo se distribuyan las condiciones de
acceso a esta industria. No es cuestión de confiar en el poder distributivo
del mercado sólo porque en el mercado se abaratan los costos de
instalación: cabe recordar, en contrapartida, que el ritmo de innovación,
cada vez más acelerado, obliga a contar con recursos también crecientes
para capitalizar la oferta.
Sin
embargo, existen hoy casos ilustrativos, en distintos países de
la región, donde el uso de nuevos bienes de la industria cultural
y comunicacional ha permitido la conexión horizontal entre grupos
diversos que padecen segregación sociocultural (como grupos de la
Amazonia o de los mismos zapatistas). De estos casos se pueden nutrir
nuevas iniciativas en este campo, tales como la construcción de
redes para conectar múltiples identidades colectivas entre países
de las Américas.
Por supuesto, de ello no hay garantía, ni tampoco hay expectativas
auspiciosas si se deja al arbitrio de la apertura mercantil o las
razones de Estado. Aquí tendrán que entrar a jugar un papel central
la sociedad civil, los movimientos sociales y culturales, las organizaciones
de ayuda humanitaria y la lucha de los pueblos.
Nuevos instrumentos deben ser catapultados desde nuevos actores,
muchos de ellos todavía silenciosos o silenciados en el gran concierto
de la globalización. Sin ellos, dicha globalización corre el riesgo
de ser un monólogo entre identidades perfectamente racionalizadas,
indolentes y tediosas.
Martín
Hopenhayn |