CULTURAS EN GLOBALIZACION II parte
o "Cómo vamos ahí , nosotros"

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Por Anibal Ortizpozo

La globalización nos sorprende a fines de siglo con múltiples acuerdos y convenios que están firmados entre naciones. En algunos casos los acuerdos van más allá de la reducción de aranceles para facilitar el intercambio de mercancías. También se incluye la libre circulación de personas, mensajes y la elaboración de programas educativos y comunicacionales.
El mapa de competencias económicas y culturales nacional, se modifica por los agrupamientos e intercambio entre naciones y regiones. Sobre el impacto de esta situación se ha estado hablando preferiblemente a nivel periodístico, aunque también han habido polémicas con participación de algunos intelectuales, funcionarios públicos y empresarios.

"Las políticas culturales de cada país y los intercambios ­afirma Néstor García Canclini- se siguen trazando como si la globalización económica y las innovaciones tecnológicas no estuvieran reorganizando las identidades, creencias, formas de pensar lo propio y los vínculos con los otros."

Si nuestros países están en crisis por las "sin razones" conocidas, ¿por qué el arte y la cultura van a ser una excepción? La falta de recursos, el clientelismo político, la falta de continuidad en los programas y compromisos adquiridos por los gobiernos locales anteriores, el desconocimiento de las ordenanzas y un personal sin la capacitación adecuada, se suman a una falta de voluntad política, a pesar del consenso existente respecto de las medidas que se deben tomar para la elaboración de un planteamiento cónsono con la recomposición actual de nuestra cultura.

A pesar que el CONAC inscribe su estrategia en el ideal que preconiza la democracia cultural participativa, en los dispositivos de acción cultural, (diseminados en los diversos sectores de la administración central, estadal y municipal) se continúa el desarrollo de una política que privilegia la distribución y popularización de lo "culto". Si la democratización de la cultura amplía el acceso a los "bienes culturales", esta opción no cambia las formas de producción y consumo cultural ya que la apropiación de la cultura tienen su origen en las desigualdades socioeconómicas. Situación que no cambia con campañas publicitarias o abaratando el ingreso a, los espectáculos, sino a través de programas sistemáticos que intervengan en las causas estructurales de la desigualdad económica y cultural.

Teatro, Danza, Música y Artes Visuales capitalizan la mayor parte de los recursos públicos y prevalece la idea que la creación artística es tan trascendente que está por encima de las condiciones socio-históricas, que enmarcan la producción de las obras mismas y donde la verdad absoluta es la universalidad del placer estético. El mecenazgo del Estado, aunque empobrecido, se ha reducido al fomento y protección de un tipo de creación Elitista.

PIEDRECITAS EN EL CAMINO

Se debe considerar que una verdadera democracia cultural tiene que ver además con el respeto a la pluralidad de culturas y entender que la cultura es el terreno donde se conforma la unidad simbólica del pueblo. Los canales privados de entretenimiento e información monopolizan buena parte del tiempo libre de amplios sectores de la población, siendo la industria cultural de base comercial el principal vehículo de "mensajes culturales". La empresa privada brinda de este modo apoyo material e institucional como parte de sus propios intereses y depende de la fuerza social y política de los grupos de elite consumidores de la "alta cultura".

En el nivel nacional, el CONAC es el responsable del desarrollo cultural artístico, el éxito o el fracaso de sus políticas de subsidio y becas. Además de lo señalado anteriormente, ha dependido de los bajos presupuestos que afectan y distorsionan los circuitos deseables que mueven, exponen, reproducen y ofrecen aquella producción realizada por artistas, me refiero a museos, editoriales, sedes teatrales, y circuitos de cinematecas de arte y ensayo.
Insisto en que la igualdad debe ser un objetivo permanente de toda política cultural, ya que la marginalidad urbana se encuentra excluida, ahogando sus posibilidades de acción al que todo ciudadano tiene como derecho.
Las tareas se deben encaminar a hacer cada vez más auténtica y consistente la participación de todos los ciudadanos (sin distinción) en la producción de la cultura. Se debe hacer posible que la actividad cultural sea por fin una práctica significante.
Además debemos ser cuidadosos con los espectáculos subsidiados o gratuitos cuando ellos requieren al participante más como espectador de una manifestación cultural que no les pertenece, que como actor de su propia cultura nacional o regional. Se debe comprender que los eventos culturales internacionales, nacionales o regionales son mayormente válidos, cuando su creación contiene nuevos signos para diferenciarse y preservarse.
Nada nuevo podemos decir de nuestras políticas culturales que no se haya dicho ya, lo sorprendente es la inmutabilidad de los responsables del sector cultura frente a los cambios que se requieren en su recomposición y planeamiento de políticas en la perspectiva global.

INTERROGARSE INTERROGANTES.

Ahora bien, de lo que entendemos que la globalización requiere podemos preguntarnos y preguntar cuestiones que nos permitan abrir puertas al debate:


¿Se podrá en el futuro seguir diseñando políticas educativas, culturales y científicas con un alcance sólo limitado a las fronteras nacionales?

¿Cómo planear políticas adecuadas al carácter transnacional y qué cambios se requieren en la educación, investigación científica y tecnología con el fin de volver más competitivas a las naciones que entran en condiciones más débiles a estos acuerdos?

¿Qué transformaciones generarían estos procesos en las identidades nacionales, incluso conceptos de nación y soberanía?

¿Cómo cada nación podrá ejercer el control sobre su producción editorial, comunicaciones electrónicas, propiedad intelectual y turismo?

¿Qué se debe hacer para uniformar internacionalmente los criterios de acreditación, certificación y validación de estudios; intensificar intercambios culturales y regular las comunicaciones?

¿Podrá ser afectada la producción de grupos étnicos , pobladores urbanos y campesinos por "bienes y mensajes" (programas de radio y televisión) que se producen en un sistema transnacional desterritorializado?

¿La integración regional e interregional será de las sociedades o sólo de los empresarios?

¿Cómo harán nuestros pueblos para gobernar la globalización?

¿Será posible a corto o largo plazo democratizar las tecnologías de punta como el INTERNET o supercarretera de la información, la Televisión satelital y los supermercados virtuales con sus correspondientes chequeras virtuales?

Las respuestas a éstas y muchas otras interrogantes que surjan, en sí mismas, son un gran desafío. Lamentablemente se carece de diagnósticos y estudios consistentes, evaluaciones de las políticas educativas, científicas y culturales globalizadas que nos permitan responder en forma fundada.

Finalmente, es necesario considerar que la globalización e integración regional de las economías y culturas no se opone, ni debe oponerse al normal desarrollo de cada nación y que la cultura Global, no es, ni puede ser vista como sustitutiva de las culturas nacionales o regionales.
Los movimientos de integración supranacional adoptan formas concretas en los acuerdos de libre comercio, la concreción de dichos acuerdos renovarían la mirada y el interés por nuestras culturas y sus expresiones artísticas, a pesar de quienes sostienen que la globalización sirve sólo para sostener el poder de los grandes bloques económicos del planeta.
Se trata de visualizar un futuro para nuestras culturas en el marco de acuerdos globalizados, estableciendo una legislación que permita su desarrollo y crecimiento sostenido, en otras palabras, hacer gobernable la globalización.

Anibal Ortizpozo