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Por
Anibal Ortizpozo
"Ojalá
que llueva café en el campo"
Juan Luis Guerra
Ante
lo irreversible de la globalización y los fracasos de los
programas culturales en la integración regional de nuestros
pueblos, parece urgente, avivar el debate sobre los factores que
permitan establecer dentro de los acuerdos una "multiculturalidad
democrática" donde la cultura, la política social
y el bienestar de las mayorías no sean sólo "anexos
desechables".
Al
parecer la "aldea global" de la que nos hablara J.Habermas,
ya no es una mera abstracción. Hoy podemos observar y estudiar
los fenómenos de integración regional e interregional
que se están produciendo en las fronteras de nuestras naciones,
fruto de convenios y acuerdos concretos como son, el Tratado de
Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México;
el MERCOSUR integrado por Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina;
y la valiosa experiencia de la COMUNIDAD EUROPEA. Sólo el
conocimiento y estudio de estas recientes experiencias nos dará
una comprensión cabal del fenómeno de la globalización.
EXPERIENCIAS
y experiencias.
En la Latinoamérica de estas últimas décadas,
son múltiples los intentos fallidos de integración
cultural emprendidos entre otros por el Pacto Andino, Convenio Andrés
Bello, CAF, SELA, UNESCO y el Acuerdo de Cartagena. Lo no resuelto
por ellos fue al parecer, el cómo combinar rentabilidad económica
con los intereses públicos socioculturales y políticos.
Un
debate aparte merece el hecho de, cómo antes la integración
en Latinoamérica se concebía como una unión
para fortalecerse ante la metrópolis (EEUU), en la actualidad,
la incorporación de México al TLC y los intentos de
otros países por sumárseles (despreocupándose
de los conflictos), las anteriores restricciones para la venida
de capitales extranjeros son reemplazadas por la búsqueda
de esas inversiones. La integración no es ya "frente"
a ellos sino "con" ellos.
Para
la comunidad latinoamericana es importante el estudio de los logros
y frustraciones de la unificación de la COMUNIDAD EUROPEA,
y considerar aquello que pueda servirle para la integración
local, dado que, entre otras cosas, existe una larga trayectoria
de las relaciones entre las Américas y de éstas con
los países europeos. Además existe una historia de
intercambio poblacional, económico, político, cultural
y científico así como afinidades histórico-culturales.
En Europa el proceso de integración económica viene
desarrollándose desde más de 40 años, su profundización
lo convierte en un laboratorio de ensayo de mayor interés
ya que se trata de una experiencia de articulación entre
globalización y regionalización más radical
que el TLC y el MERCOSUR. Para la Comunidad Europea la regulación
de las relaciones interculturales está en el centro del debate,
tanto como en los programas de integración global.
CONFIGURACIONES CULTURALES NUEVAS MIRADAS.
Hay evidentes dificultades para definir lo culto de lo popular.
Lo nacional y lo extranjero, que aparecen no como identidades, sino
como escenarios. Las migraciones : identidades cambiantes de quienes
vienen del campo a la ciudad o de un país a otro y que necesariamente
tienen que cambiar su tradición cultural. Esta dinámica
conflictiva es una de las causas de la obsolescencia frecuente de
los bienes culturales.
Las reflexiones sobre globalización y en especial de las
llamadas "culturas populares" contienen un variado espectro
de lagunas e interrogantes, que no siempre resultan fáciles
de abordar, ya sea por la polivalencia de los términos o
por la significación, que según propios intereses,
les dan especialistas y científicos al ponerlos en escena.
En
lo que se refiere a las llamadas "culturas populares"
y específicamente a lo "popular" es donde hay más
confusión que comprensión en uso de los términos
y en la práctica de políticas culturales.
El dilema no sería definir o redenominar lo "popular"
sino más bien situarlo en sus significaciones esenciales
del tiempo en que vivimos.
La evidente crisis del término "popular" es entre
otras cosas por su significación más antigua asociada
a la resistencia al capitalismo y a las luchas por la justicia social.
Hoy por ejemplo, no se habla de "clase popular", se ha
cambiado por "ciudadanía" y "sociedad civil"
valorando con ello el sentido amplio de formas de organización
que están más allá de lo partidista tradicional.
Sobre este último aspecto no es sólo el cambio del
término, existe la opinión que estas nuevas formas
de representación popular, son síntomas del advenimiento
de una verdadera democracia representativa, y opiniones que cuestionan
una redemocratización bajo las condiciones que permite desde
el centro de su poder el capitalismo hegemónico. Hay quienes
piensan que una de las soluciones sería buscar desde la "orilla"
la forma de contrarrestar los significados producidos desde el "centro".
Por ello resulta adecuado y urgente profundizar la conceptualización
de "lo popular", así como la puesta en escena de
nuestras culturas en el marco de la integración regional
y globalización.
Es necesario insistir en la crisis del concepto "cultura popular".
Los estudios la hacen oscilar entre la supuesta homogeneidad y pureza
tradicional y la moderna fragmentación e hibridez que la
caracterizaría en la actualidad.
La "hibridez" de la cultura se estaría desarrollando
por desplazamiento, yuxtaposición o la mera velocidad de
su transmisión, produciendo de hecho nuevas configuraciones
culturales. El dilema es cómo enfrentarse a la presencia
de símbolos culturales globales y a los producidos infinitamente
variados de hibridez que ni siquiera corresponden a las viejas representaciones
de lo "nacional popular" o populismo, ni llegan a la transculturización
en el sentido tradicional del término. Según Jean
Franco, "la cultura popular servía igualmente como indicador
de subdesarrollo, era pre-alfabetismo, era tradición como
opuesto a progreso, atraso como opuesto a modernidad"
Para
otros estudiosos lo que cambió en estas últimas décadas,
no fue sólo la manera dual de entender la cultura, como superior
o inferior, avant garde o tradicional, sino también los valores.
En el análisis de la hibridez podemos encontrar respuestas
que van más allá de lo sólo cultural. Según
García Canclini, "estas respuestas surgirán cuando
seamos capaces de observar la coexistencia entre culturas étnicas
y nuevas tecnologías; formas de producción artesanal
e industrial, o cómo las capas populares y la élite
combinan formas de democracia modernas con formas arcaicas de poder;
la transacción entre movimientos sociales y regímenes
paternalistas o los poderes oblicuos de las instituciones liberales
con hábitos autoritarios".
Las más recientes observaciones de los entrecruzamientos
interculturales se ven dificultados, entre otras cosas, por la desconfianza
que genera una "globalización impuesta", el "libre
comercio desigual" y "Post-cualquier cosa" en el
discurso académico.
Las opciones y desafíos que los antropólogos, sociólogos,
folklorólogos, investigadores del arte y la cultura y cientistas
de la comunicación tienen, es volver a ver la entrecomillada
"cultura popular" con instrumentos transdisciplinarios
flexibles. Esta mirada oblicua les permitirá encontrar respuestas
que van más allá de sólo lo cultural y donde
una sola disciplina científica resulta insuficiente.
continúa
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