El amanecer de un genio  

Pablo Ruiz Picasso, que, de adulto, había de adoptar e imponer su apellido materno -Picasso-, nació en Málaga el 25 de octubre de 1881.

En este caso, para nosotros, nacer en Málaga quiere decir nacer en Andalucía, pueblo de características muy acusadas, algunas de las cuales volveremos a encontrar en la personalidad y obra del artista.

Los progenitores se llamaban José Ruiz Blasco y María Picasso López. El padre era profesor de dibujo y pintor, y ejercía su docencia en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Málaga.

Un hermano suyo, Salvador, era médico y jefe del distrito sanitario del puerto, y otro, Pablo, había muerto hacía tres años cuajado era canónigo de la catedral. En memoria suya a Picasso le pusieron el mismo nombre de pila.

eclesiásticas-, el pequeño Picasso tuvo muy pronto conocimiento harto veraz del funcionamiento interno de una parte muy influyente de la sociedad, en el sentido de sorprender su trama y urdimbre desde dentro. Esto pudo dejar en él un surco profundo y marcarle, aún más, para siempre.

Picasso, de quien en el momento del alumbramiento se supuso que había nacido muerto, hasta que su tío Salvador le lanzó a la cara humo del puro que estaba fumando, tuvo dos hermanas, Lola, nacida en 1884, y Concepción, nacida en 1887.

También tuvo dos primas, Carmen y María de la Paz, y corno en su casa, además de los padres, viven su abuela Inés y las tías Eladia y Ellodora, y como tienen criada, resulta que el pequeño Pablo, en el hogar, está rodeado de un mar de faldas y faldillas. Cuando el padre se ausenta, para

dar clase o resolver algún asunto personal, al niño Picasso le debe parecer que es el único hombre de la especie. También este hecho pudo quedar inscrito en sus esquemas mentales con trazos imborrables.

Cuando todavía estaba en Málaga, le hicieron dos fotografías: una a los cuatro años, solo, y otra a los siete, acompañado de su hermana Lola. Esto quiere decir que la posibilidad de reproducir la figura humana por medios mecánicos se le hizo patente desde pequeño. Con toda seguridad que su padre, con los demás profesores y con los artistas de Málaga, debe discutir sobre el alcance de la fotografía y sobre si invalida o no el arte del retrato.

Entre estos profesores había uno, Antonio Muñoz Degrain, que gozaba de gran prestigio y al que don José Ruiz admiraba profundamente.

La familia Ruiz Picasso vive precariamente. El padre cuenta con dos sueldos rnagros, el de profesor de dibujo y el de conservador del Museo Provincial, que a duras penas le permiten llegar a fin de mes. Esta situación de estrechez material, Picasso la vivió durante toda su infancia, adolescencia y primera juventud. Aunque a partir de los 24 años, su posición mejore, las huellas dejadas por aquella situación parece que no se borraron nunca del todo.

La precariedad material es la que obligó al padre de Picasso a aceptar el cargo de profesor de dibujo en el Instituto da Guarda, de La Coruña, seguramente algo mejor retribuido, adonde se traslada

en el otoño de 1891, en compañía de su mujer y  sus tres hijos. Los dibujos más antiguos que se conservan de Picasso están fechados el año 1890 en Málaga, o sea, cuando el artista tenía nueve o diez años.

La Coruña constituye un capítulo fundamental en la vida de Picasso.

Llega allí en el momento de cumplir los diez años y la abandona cuando ya tiene trece y medio. La infancia de Picasso estuvo profundamente condicionada por el estado psicológico de su padre. Éste, que cuenta 54 años en aquel momento, se siente algo derrotado por la vida. Tal vez habría deseado ser un gran pintor y es un simple profesor de dibujo y un pintor académico muy mediano.

Tiene que sostener un hogar en el que, incluyendo la criada, hay seis bocas que alimentar.

Su mujer tiene 37 años y sus hijos diez, siete y cuatro. Él está a menudo enfermo o indispuesto. Si llegara a faltar, no sabe qué sería de su mujer e hijos. Su única esperanza es que el primogénito, Pablo, se haga pronto un hombre y pueda ayudar a la familia, suplirle si es necesario.

Durante el primer año escolar (1891-1892), el muchacho, a causa de la edad, no fue admitido en la Escuela de Bellas Artes y sólo pudo asistir a las clases de enseñanza secundaria.

Durante el segundo año escolar (1892-1893), el tercero (1893-1894) y el cuarto (1894-1895) es inscrito en diversas asignaturas de la Escuela de Bellas Artes, donde su padre fue único profesor.

La situación es un tanto paradójica, sobre todo porque el alumno sabe más que el maestro.


B I O G R A F I A