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LA SOCIEDAD SECULAR Y EL ANIMO DE PERPETUACION continuación

El siglo XVIII presenta otros caracteres. Hay mayor riqueza o, por lo menos, más medios de fortuna. Se produce un contacto más directo con los usos y los modos de Europa, particularmente franceses, un refinamiento que antes no se conocía. Las nuevas condiciones permiten la creación y supervivencia de una mayor cantidad de retratos. No se conservan muchos, empero, y en ningún caso se trata de una floración parecida en algo a la producida en los tiempos de Gil de Castro.

Merece atención entonces la colección de retratos de todos los Gobernadores de Chile que adornaba las antesalas de la casa de gobierno de Santiago, que fueron destruídos después de la batalla de Chacabuco, la euforia patriótica tuvo en este hecho una muy lamentable consecuencia. Aunque consta con absoluta certeza la existencia de estas telas, que eran muy numerosas, no se cuenta con muchos antecedentes sobre ellas.

Los gobernadores no contaron con casa digna y permanente en la capital hasta el siglo XVIII. Antes vivían buena parte del año en Concepción, en cuyo "palacio" no se sabe que existiese una serie de tal naturaleza. No parece fácil, tampoco, que se pintaran durante la décima séptima centuria retratos de gobernantes para una casa precaria y por mano de pintores de las cuales no existen indicios ciertos. Pudieron también servir para el efecto copias de las efigies de los virreyes peruanos que antes de pasar a Lima mandaron en Chile: Manso de Velasco, Armat, Jáuregui, Ambrosio O'Higgins y Avilés, todos ellos de los siglos XVIII-XIX.

En resumen, los indicios apuntan a fijar la existencia de este conjunto no antes de la décima octava centuria. continúa