Lo sagrado en los
espacios de Tatiana Alamos:
Tatiana,
única en este espacio sur-ecuatorial, de la meseta de más
acá, la arquitecta de casas/cajas para los poetas, la veedora
mágica de este lado del sol, o sea de aquí mismo, de donde
están paradas las eternas vivientesdel risco andino: léase
Mistral, Violeta y La mismísima Ynés Puyó con sus
pionera y últimas nieblas expresadas en los jardines de Dios.
Tatiana, como ellas, con el encargo de la luz y de la sombra, con el
destino de bautizar colores, de nombras pintanto y, todos sabemos que
se nombra para no morir, y que en su deseo, viene a ser el cromatismo
que se trae de nacimiento (la niña nació cromática,
le da al color, dicen los grandes) y como no iba a ser se asomó
a la luz de Cachinal de la Sierra - norte del país y le amarraron
el ombligo con una lana roja y nudo de mariposa-no-ciego-para que volara
con la cabeza fría y con la cabeza caliente, para que nunca fuera
seca de aguas tutelares, para que afiebrara su propio arcoiris empastado
en los ocres y los naranjos teñidos de los escapulariosdel mito
indo-americano.
Y toda ella es indoamericana, hija señalada de Wyracocha y de
la señora Pacha Mama que la parió, y si yo tuviera que
definirla en un suspiro, diría que es una guagua precolombina,
que es rupestre engendrada en la mejor tradición oral y gráfica
que los sabios y los sacerdotes fueron guardando y transmitiendo en
su pintura de signos, de emblemas cabalísticos, de su apuntamiento
sobre los astros. En fin, Tatiana amasando la vieja herencia entre el
viento y la noche de los pueblos precolombinos que conforman este nuestro-ser-americano.
Y
aquí está ella muy parada entre la seducción del
mito y la leyenda, ajena a las reglas formales, a la maqueta establecida,
aquí, en plena conexión con los espíritus de la
física y la metafísica, con la ecuación mayor que
resuelve la juntura entre terrenales y celestiales.
Delia
Domínguez
de la Academia
Chilena de la Lengua
junio de 1996