| Sismógrafo
del acontecer nacional. MILAN IVELIC |
inicio sala1 sala2 | ||
Chile
se transforma de vez en cuando en una gran instalación telúrica
como consecuencia de los movimientos sísmicos que, de acuerdo a la
magnitud registrada en el sismógrafo, van desde casi imperceptibles
temblores a fuertes terremotos. Su periodicidad ha hecho que los chilenos se habitúen a convivir con los sobresaltos que provocan, y con el temor de que ocurra un sismo de gran magnitud cada ciertos años. La sismología tiene, en nuestro país, un campo experimental envidiable, aunque no sea nada de envidiable experimentar en carne propia este iracundo capricho de la naturaleza. El simógrafo, delicado instrumento de medición, va registrando a lo largo y ancho de Chile las sacudidas de la tierra y fija en el papel las marcas del movimiento telúrico, como si el sismógrafo fuera (empleando un símil) la grafia que se elabora desde una matriz que es la propia corteza terrestre. El sismógrafo es el dacumento en el que queda el testimonio sísmico y desde donde se escribe la historia telúrica de chilena, con su secuela de destrucción y muerte. Balmes actúa, desde el campo artístico, como un sismógarfo que registra los sobre-saltos y quiebres del cuerpo social. Su ojo sismógrafo
está siempre atento y en permanente funcionamiento para marcar
en la tela signos pictóricos y gráficos del comportamiento
colectivo, ya sea para recuperar la memoria histórica chilena,
la dignidad o el atropello de América Latina o los personajes que
han protagonizado su historia para bien o para mal, y siempre desde una
proyección universalista. Por eso es que, su obra es una síntesis
entre señales de identidad y formas de expresión cosmopolita.
|
|||