Desierto Atacama Geografía Botánica III Región
 
Reflexión 
El nortino chileno, habitante de la vastedad del desierto y del espectáculo estelar de sus noches, se ve de pronto sorprendido en medio de un paisaje extraño, que le es ajeno por naturaleza. Más este ser, habituado al sol y la sequedad, siente en esta floración, parte de su propia personalidad.

De una aparente hosquedad e introversión surge su generosidad y gran sentido del humor. Rostros de cuero marcados por la historia del salitre y la minería, se iluminan como el vergel que ahora les entorna, y ciudan estas flores como señales de la vida nueva y buena que se merecen. 

Cuando florece el desierto más árido del mundo, en una eclosión de colores y variedades vegetales y animales, se produce uno de los fenómenos más 
espectaculares y emocionantes del planeta.  

Décadas enteras de sequedad donde los colores colores, amarillos y tierras son los dominantes; dan paso, luego de unos pocos milímetros de lluvia, a un vergel con decenas de especies de flores y su correlato de insectos, aves y otros animales. Grandes extensiones de desierto se ven cubiertas por pinceladas de rojos, fuccias, blancos, amarillos, rosados y naranjas.  

La historia del norte chileno no ha sido fácil para sus habitantes, esta tierra tan dura y hostil, que esconde grandes reservas minerales, que tiembla y bota todo lo construído, hoy con su desierto florido es un canto a la esperanza, un canto a la belleza más secretamente escondida, a lo que nace en flor, para despertar también en nosotros, nuestros propios y olvidados jardines.